La lucha contra el cambio climático suele presentarse como una carrera para instalar más energías renovables y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Todo eso es imprescindible, pero resulta insuficiente si olvidamos que la energía, el territorio, la biodiversidad y la sociedad forman parte de un mismo sistema. La verdadera transición energética no consiste únicamente en producir electricidad limpia, sino en construir un modelo capaz de prosperar dentro de los límites del planeta.
Nunca habíamos dependido tanto de la energía
La historia de la humanidad puede contarse también como la historia de la energía.
Cada gran transformación social ha estado ligada a una nueva forma de obtenerla y utilizarla. La leña permitió los primeros asentamientos permanentes; el carbón impulsó la Revolución Industrial; el petróleo transformó el transporte, la agricultura y la economía mundial; la electricidad cambió nuestra forma de vivir y de trabajar.
Hoy dependemos de la energía para prácticamente todo. Desde el funcionamiento de un hospital hasta la producción de alimentos, las telecomunicaciones o el abastecimiento de agua potable. La energía ha dejado de ser un recurso más para convertirse en la base sobre la que se sostiene el funcionamiento de las sociedades modernas.
Precisamente por eso, cambiar el modelo energético es mucho más complejo que cambiar una tecnología.
El cambio climático ya no pertenece al futuro
Durante años hablamos del cambio climático como un problema que afectaría principalmente a las próximas generaciones. Hoy esa idea ha dejado de ser válida.
Las olas de calor son más frecuentes e intensas. Los periodos de sequía se prolongan. Los fenómenos meteorológicos extremos aparecen con mayor frecuencia. Los incendios forestales cambian de comportamiento y afectan a territorios donde antes resultaban excepcionales.
El cambio climático ya no es únicamente una previsión científica. Es una realidad con la que convivimos y cuyos efectos comienzan a sentirse en la agricultura, en los recursos hídricos, en los ecosistemas, en la salud pública y en la economía.
La cuestión ya no es si debemos actuar.
La cuestión es cómo hacerlo.
Reducir emisiones es imprescindible, pero no suficiente
La descarbonización ocupa el centro del debate climático, y con razón. Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero es una condición indispensable para limitar el calentamiento global.
Sin embargo, existe el riesgo de pensar que toda la solución consiste simplemente en sustituir combustibles fósiles por energías renovables.
La realidad es bastante más compleja.
La transición energética también exige mejorar la eficiencia, reducir el desperdicio energético, electrificar muchos usos, almacenar energía, modernizar las redes eléctricas y desarrollar nuevas formas de movilidad, de producción industrial y de organización territorial.
Pero, sobre todo, exige preguntarnos si el modelo actual de consumo energético puede crecer indefinidamente en un planeta con recursos limitados.
Esa es una de las grandes preguntas que todavía permanece abierta.
Las energías renovables también generan conflictos
Las energías renovables representan una oportunidad extraordinaria para reducir nuestra dependencia de los combustibles fósiles. Galicia dispone de recursos eólicos, hidráulicos, solares y de biomasa que pueden desempeñar un papel fundamental en esa transición.
Pero sería un error pensar que cualquier proyecto renovable es automáticamente sostenible.
La instalación de grandes infraestructuras energéticas transforma paisajes, modifica ecosistemas, genera impactos sobre la biodiversidad y plantea preguntas legítimas sobre la ordenación del territorio, la participación de las comunidades locales o el reparto de los beneficios.
Aceptar esta realidad no significa rechazar las energías renovables.
Significa reconocer que la transición energética también necesita planificación, transparencia y diálogo.
No basta con preguntarse cuánta energía producimos. También debemos preguntarnos dónde la producimos, cómo la producimos y quién obtiene el valor generado por esa producción.
Adaptarse también forma parte de la solución
Incluso si mañana dejáramos de emitir gases de efecto invernadero, parte del cambio climático ya seguiría su curso durante décadas.
Eso significa que la mitigación debe ir acompañada de la adaptación.
Adaptarse implica preparar nuestras ciudades frente a las olas de calor, diseñar infraestructuras más resilientes, gestionar mejor el agua, diversificar los sistemas agrícolas, recuperar ecosistemas capaces de amortiguar fenómenos extremos y reducir la vulnerabilidad de las personas más expuestas.
La adaptación no representa una renuncia.
Representa el reconocimiento de que debemos aprender a convivir con un clima diferente al que conocieron las generaciones anteriores.
Galicia tiene una oportunidad singular
La transición energética sitúa a Galicia ante una oportunidad histórica.
La abundancia de recursos renovables, la experiencia industrial, la capacidad tecnológica y la disponibilidad de conocimiento convierten al territorio en un actor relevante dentro del nuevo modelo energético europeo.
Sin embargo, esa oportunidad solo generará prosperidad si va acompañada de una planificación inteligente.
El objetivo no debería consistir únicamente en producir más energía renovable. También debería aspirar a generar industria, empleo cualificado, innovación, investigación y valor añadido alrededor de esa producción.
La energía no debería entenderse únicamente como un recurso para exportar.
También puede convertirse en una palanca para fortalecer el tejido económico y social del territorio.
Una transición para las personas
Con demasiada frecuencia reducimos el debate energético a una cuestión tecnológica.
Hablamos de aerogeneradores, paneles solares, baterías, hidrógeno o redes inteligentes como si la transición dependiera exclusivamente de la innovación.
Sin embargo, toda transición es también un proceso social.
Requiere acuerdos, confianza, participación ciudadana, seguridad jurídica y una distribución equilibrada de los beneficios y de los impactos.
Las tecnologías pueden acelerar el cambio, pero son las personas quienes deciden cómo se produce.
Energía para construir futuro
En Fundación Galicia Sustentable entendemos que la transición energética es una de las mayores oportunidades para construir una sociedad más resiliente y más próspera. Pero también creemos que no existe una transición verdaderamente sostenible si olvida el territorio, la biodiversidad o las comunidades que conviven con las infraestructuras que la hacen posible.
Reducir las emisiones sigue siendo una prioridad irrenunciable. Adaptarnos al nuevo clima también lo es. Pero ambas tareas deben formar parte de una visión más amplia que integre energía, naturaleza, economía y bienestar.
Porque la energía no es únicamente la fuerza que mueve nuestras máquinas.
Es también una de las decisiones que definirá el paisaje, la economía y la calidad de vida de las próximas generaciones.
